Uno de los problemas más graves que aquejan a todas las sociedades contemporáneas es, sin duda alguna, el suicidio. De acuerdo con información de la Organización Mundial de la Salud, quienes atentan contra su vida no necesariamente padecen algún trastorno vinculado a la depresión o al consumo de alguna droga, ya que existe información suficiente para corroborar que una gran cantidad de suicidios se consuma por decisiones impulsivas generadas por momentos de crisis de carácter familiar, laboral, sentimental, de violencia escolar y económico.
Conscientes de dicha problemática, el 18 de abril de 2013 fue aprobado en el Senado de la República un dictamen de la Comisión de Salud, referente a una proposición realizada por un servidor, mediante la cual se exhortaba al Ejecutivo federal para declarar la última semana del mes de septiembre como La Semana Nacional para la Prevención del Suicidio, así como para que los gobiernos de los estados realizaran acciones encaminadas a prevenir el suicidio.
De manera casi inmediata, la Secretaría de Salud del gobierno federal, así como ocho entidades federativas, emitieron comunicaciones a la Mesa Directiva de esta Asamblea, para dar fe de que, en efecto, así como en el Congreso de la Unión, en las entidades federativas y de manera coordinada con las organizaciones de la sociedad civil y los medios de comunicación, se estaban realizando grandes esfuerzos por combatir ese terrible problema.
A unos días de haber conmemorado el día mundial para la prevención del suicidio, el cual se celebra el 10 de septiembre, y a unas semanas de la implementación de las actividades propias de la Semana Nacional para la Prevención del Suicidio, tenemos un enorme reto para enfrentar el alarmante número de suicidios, que se encuentra en un constante aumento. Ante este adverso panorama, vale la pena cuestionarse ¿qué es lo que debemos de hacer?, ¿cuál es la estrategia que debemos implementar? y, más importante aún, debemos definir con claridad ¿en quiénes recae la responsabilidad?
En una primera instancia, es sumamente importante destacar que el suicidio se vislumbra como un problema de género y perfectamente ubicado en un rango de edad. De cada 100 suicidios consumados, 80.2% son realizados por hombres, y del número total de suicidios, el 40.8% son realizados por jóvenes de entre 15 y 29 años. Adicionalmente, el formar parte de un sector vulnerable de la población tal como personas migrantes y refugiados; personas transexuales y homosexuales; reclusas o víctimas de violencia, conflictos armados, abusos y desastres naturales, es un factor de riesgo, pues en muchas ocasiones dichas condiciones están vinculadas con conductas suicidas.
La respuesta está a nuestro alcance y es precisamente con estos grupos y sectores que se encuentran ya identificados con los que debemos redoblar esfuerzos. Las estadísticas no sólo deben servirnos para lamentarnos y permanecer como testigos de un fenómeno que no sólo priva y destruye el futuro de nuestros jóvenes, sino que, además, deja secuelas irreparables en las familias de quienes consuman dicho acto.
Contribuir para terminar con el suicidio es una tarea de todos; cuando en nuestra familia, en la escuela o lugar de trabajo observemos que una persona se aísla, tiene poco interés en las actividades que antes disfrutaba, se despide o afirma que el mundo estará mejor sin ella, es ahí donde no sólo podemos, sino que debemos intervenir y apoyarla para encontrar ayuda. Debemos sensibilizarnos y recordar que cada muerte es una pérdida, cada suicidio es doblemente doloroso.
http://www.excelsior.com.mx/opinion/opinion-del-experto-nacional/2016/09/20/1117821
Nombre de los integrantes:
Jazmin de los santos
Caila preyra
Rosmaria batista

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